Los pobres venaditos no la pasan bien en invierno. La comida es escasa y la manada del pueblo se "recursea" con la basura. No pocas veces hemos encontrado el tacho de basura tirado en el piso y las bolsas rotas.
El sábado en la noche, cuando llegamos de Spokane encontramos a un venadito tratando de husmear nuestra basura. Para no tener que limpiar después decidimos invitarlo a cenar. Nuestro amiguito aceptó con gusto.
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